F1 crisis, mucho ruido y pocas nueces

Finalmente se ha llegado a un acuerdo para la continuidad de la Fórmula 1 y la no-escisión de los equipos punteros. No he querido hablar sobre la crisis hasta que no estuviera todo resuelto ya que siempre puede haber cambios de última hora como los que ha habido, y no estoy seguro al 100% de que no los vaya a haber.

Para tratar este tema es necesario ver cuáles son los intereses y objetivos de las partes. Desde aquí quiero denunciar que el rector de un campeonato no puede tener intereses extradeportivos en él, es decir, Max Mosley es socio, junto con Bernie Ecclestone, de la sociedad gestora de los derechos comerciales de la Fórmula 1. Mosley mira por sus intereses y después por los de los equipos y esto es intolerable. En segundo lugar, una persona no puede llevarse el 50% de los beneficios que genera un campeonato, en este caso es Ecclestone el culpable. Los objetivos de estas dos personas son:

a) A causa de la crisis, mantener, al menos, los mismos beneficios que obtenían hasta ahora.

b) La continuidad de la Fórmula 1.

Para conseguir el primer objetivo, deben reducir los gastos, es decir, dar menos dinero a las escuderías, de ahí la reducción de presupuestos, de este modo, pueden cobrar menos por alojar un Gran Premio de F1 a los circuitos y mantener sus ingresos personales. Pero se les ha girado la tortilla y los equipos, que no son tontos, no querían ver reducidos sus beneficios y tenían otra preocupación en la cabeza, las amortizaciones de inmovilizado. Muchos periodistas no había caído en eso y no les culpo porque no son economistas, pero es muy importante para los equipos mantener un presupuesto acorde a su pasivo ya que deben hacer frente a los pagos y con menos ingresos no podrían.

También se podría hablar de la doble cara de Ecclestone porque fuera de la Fórmula 1 también tiene negocios con Flavio Briatore, la cabeza visible de la revolución (se reunieron en su Motorhome y en la fábrica de Renault en Enstone). Bernie tuvo que ingeniárselas para quedar bien delante de los dos organismos, la FIA y la FOTA, y no quedar como el malo de la película.

Al final, la FIA tuvo que bajarse los pantalones frente a los equipos y aceptar todas las condiciones de la FOTA. Entre ellas se incluye eliminar el límite presupuestario, mantener la normativa de 2009, hacer un reparto más justo de los derechos comerciales y la cabeza de Mosley, que ya no se presentará a la reelección.

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